Amigos,
El 19 de julio de 2024 nos despertamos en un hotelito en Santa Cruz, California, después de una noche de buscar desesperadamente una camisa porque a Dish se le había olvidado empacar la de él. Por la mañana, mientras Cami se alistaba, Dish salió a comprar el desayuno, y hasta en esa rutina tan simple, el día ya se sentía distinto.
Manejamos hasta el juzgado de Santa Cruz y, bajo un árbol, frente a la escultura Large Split Almond de Jack Zajac, la juez leyó el guión de la ceremonia civil del Estado de California. Las palabras eran simples, pero cargaron todo el peso en el momento en que fueron pronunciadas.
Luego leímos nuestros votos —los mismos que ahora guardamos en nuestra caja fuerte— y, con un testigo que nos asignó el Estado, fuimos declarados marido y mujer.
Esa tarde volvimos a San Francisco y comimos en nuestro restaurante favorito, State Bird Provisions. Siempre ha sido nuestro lugar para celebrar cumpleaños, aniversarios, trabajos nuevos y comienzos importantes, así que no había duda de que ese era el lugar correcto. Mientras los carritos de dim sum pasaban por nuestra mesa, leímos los mensajes que nos habían escrito nuestros papás, las abuelas de Dish y la hermana de Cami: palabras de amor, de sabiduría y de consejos. Y así, de manera tranquila e íntima, empezamos nuestro matrimonio.
Un ritual que no hicimos ese día fue intercambiar argollas. Siempre nos imaginamos guardar ese momento para algo más arraigado en la familia y los amigos. Hace unos meses celebramos con la familia de Dish en una ceremonia hindú, donde oímos siete votos en sánscrito y su familia bendijo las argollas. Y ahora, en un par de semanas en Sudáfrica, finalmente las intercambiaremos junto a la familia de Cami.
Pero lo que faltará serán ustedes.
Siempre hemos llevado a las personas que amamos a través de sus palabras: las historias, las conversaciones largas, los mensajes de texto, las notas de voz —todos esos momentos que se quedan con nosotros. Por eso queríamos preguntarles si compartirían unas palabras con nosotros: un deseo, un recuerdo, un consejo, una esperanza para el futuro. Leeremos sus palabras antes de intercambiar nuestras argollas, para que sus voces y su presencia estén con nosotros en ese momento.
Con todo el amor,
Cami y Dish